LOS ESENIOS
Los esenios fueron una de las
tres principales sectas judías mencionadas que surgieron en el siglo II a.C.; las otras dos eran los fariseos y los saduceos. Según crónicas de la época se estima que su número era alrededor de
4,000 personas y su principal lugar de residencia, a lo largo de la parte occidental
del Mar Muerto,
aunque lejos de la playa. También habitaban en pequeños
pueblos de Palestina, pero mayormente aislados; aunque algunos residían en las
ciudades. La secta surgió
aproximadamente en el año 150 a.C. (Judas fue el primero en ser llamado
“esenio”, 110 a.C) y desapareció para finales del siglo I d.C.
Adoraban a un
solo Dios, creador y señor de
todas las cosas, omnipotente y
omnisciente. Tenían a Moisés en
alta estima y el blasfemar su
nombre significaba la muerte. Le tenían tal reverencia al sol
como para levantar sospechas de idolatría, aunque los esenios no negaban el libre albedrío. Se negaban
a participar de los sacrificios del Templo por temor a
contaminarse, aunque enviaban ofrendas; los esenios no ofrecían ningún tipo de
sacrificio sangriento, ya que alegaban que una mente reverente era la mejor ofrenda a Dios. Para los esenios el día sábado era sagrado , ni siquiera atendían al llamado de la naturaleza. Se reunían en sitios de asamblea, donde se sentaban según la mayor edad, algún miembro
sabio leía y explicaba la Escrituras. Se solían lavar con frecuencia durante la ceremonia, ya que se daba
extrema importancia a la pureza ceremonial y
seguían minuciosamente las indicaciones contra las profanaciones levíticas Incluso el que
un joven tocara a un adulto constituía contaminación para este último.
No se sabe cuáles eran sus doctrinas esotéricas.
La muerte era bienvenida, pues afirmaban “que sus cuerpos son corruptibles, y
que la materia que los
compone no es duradera, pero las almas son inmortales y viven
para siempre, y que proceden del más sutil éter, siendo atraídas a los cuerpos
a presidios a
causa de algún deseo terrenal. Pero cuando se liberan de las ataduras de la
carne, entonces ellas se regocijan como liberadas de una larga servidumbre y
ascienden a las alturas. La opinión de los griegos,
declaran que los buenos moran más allá
del océano, en un sitio jamás tocado por la nieve, ni tempestad, ni calor
intenso, sino siempre en calma y refrescado por una brisa fresca que sopla
desde el océano. A las almas malas le asignan un antro tempestuoso
y sombrío, repleto de tormentos eternos.” Algunos dedujeron a partir de estas
palabras aquí citadas que los esenios no creían en la resurrección del cuerpo.
Entre las virtudes, los esenios
cultivaban especialmente la obediencia, la veracidad, la justicia y la templanza, la castidad; prestaban gran
atención a los enfermos, respeto hacia los ancianos y mostraban gran hospitalidad y amabilidad con los
extranjeros. Consideraban a todos los hombres como iguales
y la esclavitud como
contraria a la naturaleza humana.
Los culpados de crímenes graves eran encarcelados con largas condenas o
total excomunión,
las cuales implicaban gran sufrimiento y frecuentemente la muerte, visto que no
se les permitía comer nada preparado por extranjeros. Rechazaban la filosofía como algo
inútil y fuera de la capacidad de hombre,
pero estudiaban con profundamente la ética. Buscaban remedios
naturales en la naturaleza, pues dedicaban cuidados especiales a los enfermos,
independientemente de su credo, e investigaban las propiedades de los
minerales. Ellos alegaban tener poderes mágicos y la habilidad de predicción.
A ellos se atribuían poderes mágicos y la habilidad de predecir, entre ellos lo del esenio Manahem, el cual predijo el
reinado a Herodes cuando
era sólo un niño, sin ninguna perspectiva real.
Poseían todas las cosas en común, e incluso sus
casas no les pertenecían. Trabajaban principalmente en actividades agrícolas o
fabricaban implementos agrícolas o artículos domésticos, pero jamás armas bélicas, las cuales no se
les permitía llevar, excepto un bastón para autodefensa cuando salían de viaje.
Las cosechas y salarios iban a los despenseros, quienes las distribuían según
la necesidad de cada uno. Usaban las vestimentas y calzados hasta que se desgastaran.
No se permitía comercio alguno excepto el trueque. La unción con aceite era
considerada como profanación. Se prohibía tener siervos porque tentaban al hombre a la injusticia. Sus
gobernantes o presidentes eran electos, así como sus despenseros y sacerdotes —si se
puedan llamar así. En los pueblos se nombraba un oficial para cuidar a los
hermanos viajeros. El tribunal de justicia estaba
constituido por cien miembros cuya decisión unánime era irrevocable. Los
miembros se dividían en cuatro clases.
La rutina diaria era como sigue: se levantaban
antes del alba y no hablaban de asuntos profanos antes de la salida del sol, y
hacia él encaminaban una oración, como si le
pidieron que naciera. Cada uno era entonces enviado a las tareas designadas, en
las cuales trabajaban hasta la quinta hora, es decir, las once de la mañana,
cuando todos se reunían y, habiéndose ya bañado en agua especialmente exorcizada y vestidos
de blanco, entraban al comedor común quietos y silenciosos. Delante de
cada uno se ponía el pan y un plato con un sólo tipo de alimento. Un sacerdote daba gracias y
solamente entonces podían comer, no antes. Al fin de la comida, se decía
otra oración, se quitaban sus
vestimentas blancas, se ponían su atuendo ordinario y trabajaban hasta la
tarde, cuando cenaban de la misma manera. Para la comida del mediodía, que
aparentemente era considerada una fiesta sacrificial, al ser
preparada por los sacerdotes, no se admitían forasteros, pero para la cena era
todo lo contrario. Puesto que solo hablaban por turno y observaban gran
moderación con la comida y bebida, a los forasteros el silencio en las
comidas les parecía, así se cuenta, algo muy solemne y misterioso. Muchos de los
esenios alcanzaban eran muy longevos y obtenían tanta fortaleza de mente y cuerpo que los peores
tormentos infligidos a ellos por los romanos fallaban en debilitar su
constancia y enfrentaban la muerte con una sonrisa.
La mayoría de los esenios rechazaban el matrimonio no
debido a algún mal en él, sino
porque no confiaban en las mujeres y
deseaban paz y armonía. Ellos perpetuaban su secta mediante la adopción de niños y
la admisión de adultos que estuvieran “agotados de luchar contra el rudo mar de
la vida”, según dice Plinio. A su llegada recibían un delantal para usarlo en
sus abluciones,
una vestimenta blanca y un pequeño instrumento en forma de pala, la cual les
servía para cavar un hoyo y cubrir sus excrementos para protegerlos de los
rayos del sol. Por un año se les probaba su templanza mediante la
observancia de sus reglas ascéticas fuera
de la comunidad. Entonces venía una nueva prueba de dos años, durante la cual
compartían los ritos lustrales,
pero no las comidas, de los iniciados. Si eran considerados satisfactorios,
eran nombrados miembros plenos y se comprometían bajo terribles juramentos a honrar a Dios, observar la justicia, ser leal a
todos, especialmente a las autoridades; y si alguna vez ellos mismos ejercían
tal autoridad, no eclipsar a otros por su vestimenta, amar la verdad y honestidad,
no ocultar nada a sus semejantes, no revelar nada a extraños, y también
mantener en secreto a toda costa sus libros y los nombres de sus ángeles. Ese era el único
momento en que los esenios prestaban juramentos, pues todos consideraban sus
palabras tan sagradas que Herodes les
excusaba del juramento de fidelidad. Algunos de ellos observaban las mismas
reglas después de casados, pero simplemente por el bien de la orden y solamente
después de tres años de probación y si la mujer les parecía saludable y capaz
de parir.
Los esenios han recibido atención por los últimos cuatro siglos fuera de toda proporción a su número, su influencia sobre la vida contemporánea o su importancia como factores de desarrollo religioso. Eso surgió de dos causas, una externa y otra interna. La interna fue la curiosa mezcla de elementos judíos y extranjeros en sus dogmas y costumbres. Esa peculiaridad despertó la curiosidad y ejercitó el ingenio de los estudiosos para explicar esa combinación. Se acepta que los esenios eran realmente judíos, aunque probablemente hablaban griego (judíos por raza, dice Josefo). Su creencia en un solo Dios, reverencia por un solo Dios, estricta observancia del Sabbath, fanática adherencia a la circuncisión (Hipólito), etc., todo apunta hacia ello; mientras su actitud con relación al sol, elección de sacerdotes, modo de vida, semejantes a los pitagóricos por el propio Josefo, etc., parecían demostrar influencias ajenas. La fuente de tales influencias, como todo lo esenio, genera controversia, pero hasta ahora nadie tuvo éxito en determinarla satisfactoriamente. Para el budismo, el parsismo el pitagorismo (viejo, nuevo y órfico) el helenismo, etc., se han presentado pretensiones de que fueron uno de los padres de esta secta híbrida.
La causa externa de atención fue la
tendencia de los deístas ingleses y racionalistas continentales,
los cuales se esforzaron en transformar los esenios en predecesores de los que
gradual y bastante naturalmente surgieron los cristianos; y los masones pretendieron
encontrar el cristianismo puro en el esenismo. Respecto a tales quimeras, es
suficiente decir que entre el esenismo y el cristianismo hay algunos puntos de
semejanza; no podría ser de otra forma ya que el esenismo era judaico en sus
orígenes y el cristianismo no fue destructivo, sino progresivo. Por otra parte,
las diferencias son fundamentales. El que Juan Baptista y Cristo eran esenios
no es más que mera suposición basada en similitudes que surgieron natural e
independientemente del ascetismo y
de la pobreza voluntaria.
Luego, de la misma forma, la alardeada dependencia entre esenismo y monacato puede
resolverse en los rasgos necesarias de cualquier vida ascética, comunista (Vea
"Wuku" en " Studien u. Mittheilungen d. Ben. Cist. Ordens",
1890, I, 223-30; Berliere in "Revue Bened", 1891, VIII, 12-190).
"The attitude of Jesus and His disciples is altogether anti-Essenic"
(Encic. Judía). El riguroso silencio sobre cualquier Mesías se debe en
parte quizás al secreto de los esenios y, principalmente, sin duda, a su
rechazo por parte de su cronista Josefo. En fin,
nuestro conocimiento actual
de los esenios es superficial y no del todo confiable, pues sus fuentes son
escasas, parcializadas y poco seguras.

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